En el año 1998, siendo el mes de julio del día 10, se comenzó a emitir por las ondas públicas de la televisión las primeras horas de lo que hoy conocemos como televisión pública. En ese momento, se estableció una era para la radio y la televisión en la que los dos grupos económicos más importantes del país comenzaron una batalla épica de la que aun no dejamos de sentir la consecuencias.

El problema de esta batalla épica es que ahora tenemos una Radio sin ideas para atrapar a las nuevas generaciones y una televisión que promete muy poco en contenido. La radio se quedó con la fórmula de que su programación o playlist, solo debe ser de éxitos y en la televisión solo se produce lo que la gente recuerda más, o sea, realities musicales, de deporte y telenovelas que imitan la vida real o la cuentan en formato de novela como Diomedes Díaz o El Joe.

RCN Radio y Caracol Radio o Canal RCN y Canal Caracol o Ardilla Lulle Vs Santo Domingo, comenzaron a darle inicio a su licencia por 10 años de comercialización de la señal de TV en 1998 y la prorrogaron por otros 10 años más. Es decir, ya llevamos más de 20 años de esta épica lucha entre las dos empresas de contenidos más importantes del país. Cada uno en su momento hizo una inversión superior a los 300 millones de dólares para estar a la altura del reto que tenían.

De la competencia salieron rápidamente los canales públicos, claramente porque no estaban preparados para este cambio del modelo del negocio. Señal Colombia y los demás espacios públicos, como Teleantioquia, Telecaribe y demás, se lucieron por su falta de presupuesto y de creatividad.

Lo bueno de esta crisis de los públicos es que durante estos 20 años se cambiaron menos los Presidentes del país, pero aquí si cambiaron caras y pronto lograron crear un potente aparato de comunicaciones con la consolidación de la RTVC. Aplausos por ese cambio, lamentable que ahora estén envueltos en temas de corrupción y manejo de influencias.

Pero no perdamos el foco.

¿Porqué no hay futuro?

Desde ese momento, en los primeros días de batalla, los dos grandes decidieron competir en igualdad de condiciones, cada uno tenía su propia novela, reality, programa de opinión, a la misma hora. El resultado después de 20 años de esta práctica, es una televisión que produce contenido de baja calidad creativa y poca recordación. Cada vez más son pocas las historias de ficción que se exportan desde Colombia como ‘Betty La Fea‘ o ‘Pedro El Escamoso‘. Lo nuevo de las producciones colombianas ya no está en estos canales, está en Netflix.

La radio sufre el mismo mal que la televisión. Cada grupo económico tiene su propia radio juvenil, su radio de noticias y de música salsa. Así de grande y específica resultó esta guerra de poderes económicos. Esta guerra dejó un saldo aun peor, hay colombianos que creen que ser colombiano es escuchar radio de esa que programan con un playlist en Bogotá pero que no se conecta con la región.

Resultados obtenidos tras 20 años de Radio sin corazón

Lo grave de esta guerra es que los capitanes que lideraron cada uno de los espacios de combate en la radio y en la televisión, dejaron a sargentos que creen que pueden lograr la victoria, usando la misma y errada táctica: «hagamos lo mismo que la competencia». Los de Los 40, hicieron lo mismo que los de La Mega, pusieron el mismo reggaeton o las mismas canciones electrónicas. Las cadenas de noticias tienen los mismos espacios, un morning show y un programa de sátira humorística. RCN, Blu y Caracol compiten en lo mismo. Qué creativos!

Tan errada es la táctica que ya Netflix y Spotify les ganó la partida, no solo en cantidad de dinero recaudado sino en capacidad de influencia sobre el mercado. Son ya tan grandes estas dos plataformas que los medios locales hablan de lo que pasa en estas plataformas, no de lo que pasó en la televisión en la noche anterior o en la radio.

Sin dudarlo puedo afirmar lo siguiente, Netflix y Spotify al día de hoy deben de tener más suscriptores en Colombia pagando por sus contenidos que los que puedan tener juntos los medios de El Tiempo, El Espectador, Semana, Caracol y RCN. Es decir, a los medios colombianos y en especial a Caracol y RCN, les dio miedo creerse empresas de medios y llegaron otros empresarios menos mojogatos que conquistaron, arrasaron y los relegaron los puestos de bien atrás.

Pregunto: ¿Quién ve ahora un reality o un espacio de opinión cuando puede elegir ver hasta a sus propios actores y comediantes locales (bien pagos, porque además le dan trabajo a los comediantes y actores locales y a manos llenas), a petición en alta definición en casa antes que una novela ficticia sobre narcotraficantes mexicanos en horario prime? Es mejor ver Netflix que pegarse 1 hora y 30 minutos a un reality deportivo en RCN que aparte de eternas franjas comerciales, sus participantes hacen ‘product placement’.

Las gerencias de contenidos de Caracol y RCN deben tener alguna clase de mantra implantado desde el colegio o seguir una placa en mármol en la oficina o alguna condición en su contrato que les prohiba pensar por fuera de los formatos que hay en su parrilla. Mientras Netflix ha hecho tres o cuatro tipos diferentes de contenidos originales, en RCN y Caracol no han podido construir una historia diferente a una telenovela sobre un personaje local que triunfe al estilo de ‘María la del Barrio’.

Creería que siguen esa vieja creencia de ‘aquí solo se ven partidos de fútbol, novelas y noticias dramatizadas’. Los noticieros de tres horas y más en Caracol, no denotan un exceso de información en el país, sino una falta de creatividad del canal Caracol para completar una parrilla con contenidos atrapantes y relevantes para los colombianos. Seguir creyendo que innovar es cambiar las latas de las novelas a proyectar de país, porque hemos tenido novelas de Turquía, Korea, Argentina y México, todas con bajo rating pero aun así, es un error que repiten temporada tras temporada.

Es increíble que la radio juvenil sea dirigida aún por los creadores del concepto y que la rotación de talento sea tan poca en la propia radio o en la televisión. Es más, pareciera que la radio y la televisión estuvieran creadas o modeladas para que la ‘payola’ se de, para que los ‘desdigan’ constantemente y les estén pidiendo rectificaciones constantes por su falta de seriedad y entrega al dinero, al resultado económico antes que al espíritu real de cada medio.

La radio empobrecida por si misma

Dicen que la radio debe ser ‘anglo’ pero aman a los artistas colombianos y hablan de ellos en sus ‘morning shows’, pero nunca ponen una canción en la parrilla musical como pasa en La X o en algunas otras emisoras de radio.

Alguna vez oía un momento en el que hablaban en vivo de un cantante colombiano que solo canta en español, que para el locutor era buenísimo, solo que no pudieron poner una sola estrofa de su canción porque no canta en inglés, que lástima.

Que lástima que el director no pueda salirse del valde imaginario que tiene en la cabeza y romper con la tradición de su programación para hacer algo ganador y real. Le cortaron las alas al locutor y a los colombianos de conocer algo mucho mejor que las propuestas del Top 20 de Estados Unidos, tan lejano y tan poco real.

Veo una radio empobrecida de contenidos, una televisión abierta sin futuro y un público cada vez más abocado a buscar su verdadera vocación y entretenimiento en la internet, porque en las ondas hertzianas la oferta es pobre y poco educada o al menos pensada.

Solo Radiónica y las emisoras de las Universidades locales tratan de sacar la cara por la creación original de contenidos en radio. El conteo de canciones de Radiónica es mucho más movido que el de las demás radios, lo que da suficiente para que se de el fenómeno de la payola.

Crisis de la buena, Crisis que ayuda

La televisión está tan en crisis que el Canal RCN es probable que no renueve su licencia si sigue perdiendo dinero en la forma que le está ocurriendo en este momento. Y el Canal Caracol seguirá reinando con poco esfuerzo creativo.

Dice mucho del Canal Caracol que su director de Noticias Deportivas lleve 20 años y aun sigan considerando que tras 20 años, el director sigue siendo joven y reputado. Y en RCN Radio no se escapan del fenómeno, llevan 25 años lidiando con el mismo combo que ‘copta’ los micrófonos con sus frases sabias y de ‘polémica deportiva’ rabiosa, sin sentido e incendiaria.

Que triste es levantarse en la mañana y escuchar canciones de los años 90s como si fueran el nuevo éxito del día y considerar que esta es una nueva mañana. No se si tratar de obligar a mi cerebro a generar un ‘deja vu’ o si pedirle al DJ que cambie de chip y ponga una canción más reciente, como si estuviera viviendo hoy.

Sin darle muchas vueltas a este asunto, quiero decirle a La X, LA FM, Los 40, La Mega, El Sol, Radio 1 y demás radios en Bogotá que lo que oigo en los espacios radiales que tienen, me parece que son el tapón de la radio en este momento. Son las cadenas con menor índice de creatividad y de recomendación que hay en este momento.

Su política de solo éxitos está equivocada. Puede que sus números de medición digan unas cosas positivas, pero su esencia es muy pobre y de poca calidad.

Su política de que solo se pueden oir canciones éxito en sus diales, han llevado a que se les haya olvidado el buscar nuevos talentos, que ya no creen tampoco talentos, o que a los nuevos talentos realmente les interese mostrar más de lo que saben. Es increíble que en Radioactiva, La X o El Sol suene aun con más frecuencia la memoria de los años 80s, 90s y 00s que cualquiera de los nuevos proyectos que hay en Colombia en español o en inglés, solo porque decidieron por caprichos de un director de hace 40 años, que la radio solo puede tener un idioma y si lo mezclan, se van al infierno. O sea, no les renuevan el contrato.

La nostalgia cambió. La audiencia cambió. La radio y la televisión en Colombia, no.